La expansión de la inteligencia artificial generativa ha transformado la publicidad digital, pero también ha abierto la puerta a una ola de anuncios de productos que, sencillamente, no existen. Estos anuncios se apoyan en imágenes, vídeos, reseñas y hasta “tiendas online” creadas con IA para simular marcas legítimas y oportunidades de compra irresistibles. El resultado es un ecosistema donde el límite entre lo auténtico y lo fraudulento se difumina, facilitando nuevas formas de ciberfraude dirigidas al consumidor.
¿En qué consisten los productos inexistentes generados con IA?
Los ciberdelincuentes diseñan campañas publicitarias completas para promocionar artículos inexistentes, desde gadgets tecnológicos “revolucionarios” hasta cosméticos “milagrosos”, todos acompañados de fotografías hiperrealistas, vídeos promocionales y reseñas generadas automáticamente. Estas campañas suelen ir asociadas a tiendas online falsas, con logotipos pulidos, textos de marketing aparentemente profesionales y chatbots de “soporte” basados en IA que refuerzan la ilusión de legitimidad.
En muchos casos, los anuncios incluyen deepfakes de celebridades o influencers que parecen recomendar el producto, aprovechando su imagen para aumentar la confianza y acelerar la decisión de compra. Una vez que la víctima paga, el producto nunca llega o se recibe un objeto de baja calidad sin relación con lo anunciado, mientras el sitio desaparece, cambia de dominio o deja de responder.
Riesgos de ciberseguridad asociados
Más allá de la pérdida económica directa, estos anuncios funcionan como vectores para la recolección masiva de datos personales y financieros: los sitios fraudulentos capturan información de tarjetas, direcciones, correos y, en ocasiones, credenciales de acceso que luego se reutilizan en otras estafas o se venden en mercados clandestinos. Esto amplifica el riesgo de robo de identidad, toma de control de cuentas y ataques de phishing altamente personalizados en el futuro.
Además, algunos enlaces publicitarios redirigen a páginas que incorporan scripts maliciosos o descargas encubiertas de malware, capaces de registrar pulsaciones, robar cookies de sesión o comprometer el dispositivo de la víctima. El uso de IA permite a los atacantes ajustar el contenido en tiempo real según el perfil de cada usuario, aumentando la probabilidad de clic y reduciendo los indicios clásicos de fraude, como errores de ortografía o diseños poco profesionales.
Impacto en las personas y en la confianza digital
El impacto inmediato en las víctimas se traduce en pérdida de dinero, problemas para recuperar fondos y el estrés de gestionar reclamaciones con entidades financieras y plataformas. A largo plazo, la exposición de datos personales puede derivar en un “efecto arrastre” de fraudes encadenados, donde la misma víctima es objetivo recurrente de nuevas estafas basadas en la información previamente robada.
En el plano psicológico, muchas personas experimentan vergüenza, culpa y desconfianza generalizada hacia el comercio online, lo que puede llevar a evitar compras legítimas por miedo a ser engañadas de nuevo. A nivel macro, la proliferación de anuncios falsos deteriora la credibilidad de la publicidad digital, afecta la reputación de las marcas suplantadas y obliga a las empresas a invertir más recursos en monitorear, denunciar y mitigar campañas fraudulentas que explotan su imagen.
Señales de alerta para detectar anuncios falsos
Existen varios indicadores que ayudan a identificar anuncios de productos inexistentes antes de caer en la trampa. Algunos de los más relevantes son los siguientes:
- Ofertas desproporcionadas: descuentos extremos en productos muy demandados o supuestas “ediciones limitadas” a precios ridículamente bajos.
- Dominios sospechosos: URLs con letras añadidas, errores sutiles o extensiones extrañas que imitan a marcas conocidas, así como sitios recién registrados sin trayectoria.
- Reseñas poco creíbles: comentarios excesivamente positivos, muy similares entre sí o procedentes de perfiles sin foto, sin historial o creados recientemente.
- Deepfakes dudosos: vídeos o imágenes en los que la voz, la sincronía de labios o los gestos de una celebridad resultan extraños, y en los que no hay rastro del mismo anuncio en los canales oficiales de esa persona o marca.
Recomendaciones preventivas para usuarios
Frente a este escenario, la mejor defensa es una combinación de escepticismo informado y prácticas básicas de higiene digital. Antes de comprar, conviene realizar búsquedas adicionales y no confiar únicamente en lo que muestra un anuncio, por atractivo que parezca.
- Verificar la tienda: buscar el nombre del comercio junto a términos como “opiniones”, “estafa” o “reseñas” y comprobar si hay presencia consolidada en la web y en redes sociales oficiales.
- Revisar el dominio y la seguridad: asegurarse de que la URL corresponde exactamente a la marca, que utiliza https y que el candado del navegador está activo.
- Priorizar métodos de pago seguros: usar tarjetas con protección antifraude o plataformas de pago con mecanismos de disputa, evitando transferencias bancarias directas, criptomonedas o tarjetas regalo.
- No comprar desde el anuncio: localizar la oferta directamente en la web oficial de la marca o mediante una búsqueda independiente, y desconfiar de supuestas promociones que solo existen en un anuncio aislado.
Desconfiar de la urgencia extrema: contadores regresivos agresivos, mensajes insistentes de “últimas unidades” o presión para decidir “ya” son banderas rojas típicas de campañas fraudulentas